Estas fueron las decisiones que dieron forma al encargo.
Shopify como plataforma, y no una tienda a medida. La eligió el proyecto por lo de siempre: pagos, inventario y envíos ya resueltos y mantenidos por otro. En una marca de series cortas, ese trabajo no aporta nada por hacerlo uno mismo, y sí quita tiempo y presupuesto de lo que sí diferencia.
Un tema escrito desde cero en Liquid, en lugar de comprar uno y retocarlo. Es la decisión que más condicionó el resto. Un tema de pago sale más barato y más rápido, pero está construido para servir a cualquier catálogo: el argumento de venta de Surarquía es el oficio —el corte, la costura, el cuero que envejece bien— y eso no sobrevive a una plantilla pensada para vender cualquier cosa. La ficha de producto, la navegación y las páginas de marca se construyeron una a una.
Que la marca no dependa de nosotros para seguir. Todo lo que cambia a menudo —catálogo, precios, contenido— se dejó editable desde el panel de Shopify. No es solo comodidad: es lo que hace que la tienda siga viva sin una factura de desarrollo detrás de cada cambio.

